Desde la tradicional sidra rosada, burbujeante y muy dulce para mi gusto, de tragos ligeros y sonrísas nerviosas, de uvas sin semillas pero cargadas de indulgentes deseos y propósitos, una a una fuera de sincronia con las doce campanadas se fueron consumiendo, no entiendo pero este año ha perdido fuerza, ahora es mi propio cliché, fuera de ritmo, repetitivo, irónicamente anacrónico; éstos son los primeros instantes del 2009.
Con una noche tipicamente fría pude constatar lo simple que puede ser un año nuevo; es decir, lo interesante de la celebración no fueron nuestros buenos deseos de cumplir metas, sino la incertidumbre de probarnos a nosotros mismos que tan diciplinados, fuertes y seguros estamos de poderlas cumplir.
Existe alguna razón que provoque un tipo de memoria borrosa, una amnesia benevolente que nos permite sonreir mientras nos abrazamos sabiendo que hay pendientes y que hace un año festejabamos por nuestra decisión inverbe de resolverlas ó simplemente somos lo suficientemente capaces de reprimir nuestras más sentidas nociones de responsabilidad.
Qué tan válido es hacernos propósitos que sabemos son tangíbles y reales pero no sabemos si podemos llevarlos a cabo?. Será acaso una señal de gritar ayuda ó simplemente nos martirizamos y victimizamos por nuestra sensación de no querer asumir responsabilidades y que alguién más sea responsable.
Hoy, quiero abrir este año con el primer capítulo llamado: Enero.
Aquí escribiré mis experiencias, mis formas de vivirlas, analizarlas y procesarlas, sin mayor presunción mas que tratar de dejar nota y registro, evolución y sintesis de lo que ocurra en un año con mi vida.
No lleva una uva a salud de ésta vitacora de vida, pero si una gran ilusión de ser realizada.
Nos vemos pronto, hoy es el primer día que sin brindar decido hacer mis propositos.
Por cierto, 1 día sin fumar.!